El título y subtítulo del blog combinados desafían una de las premisas más arraigadas en la cultura occidental: la creencia en la separación ontológica entre Homo sapiens y el mundo animal y un juego con la contradicción entre la Psicología y una Ciencia de la conducta, siendo esta segunda, muchas veces, definición de la primera.


Históricamente, esta presunción de superioridad humana se ha cimentado en la supuesta posesión exclusiva de la razón, una distinción que se remonta a la filosofía griega que sentó las bases para el excepcionalismo humano (o "antropocentrismo", "humanocentrismo", "especismo" y "supremacismo humano"): la idea de que tenemos un valor que no puede ser reclamado por otras especies.

El médico Alcmaeon de Croton es citado por Teofrasto como el autor de la que se considera la afirmación más antigua que ve negativamente las capacidades intelectuales de otros animales frente a las de los humanos, al sostener que el hombre “entiende”, mientras que los demás animales meramente "perciben".

En la Política, Aristóteles declara que, mientras que otras especies viven principalmente "por naturaleza", el hombre vive también por razón, "pues sólo él tiene razón". De manera similar, en la Metafísica, señala que, si bien todos los animales poseen el poder de la sensación y viven por impresiones y memorias, los seres humanos también viven por "habilidad y razonamientos". Aquí se abre otra distinción entre lo humano y lo animal en torno al concepto de naturaleza. La casa del hornero argentino es natural, la casa del ser humano, un producto artificial.

Sin embargo, en su Historia animalium, Aristóteles sugiere que las facultades intelectuales de todos los animales se encuentran en una relación de "más o menos". Evitó concluir que los humanos son "mejores" que otros animales o que poseen un estatus moral superior en consecuencia de sus dotes mentales.

La doctrina de los Estoicos sostiene que los seres humanos comparten parentesco y atracción con otros humanos, pero no con otras especies de dotaciones intelectuales inferiores. Esto se debe a que, si bien todos los animales tienen un "principio rector", en los humanos este principio se vuelve racional. En consecuencia, los animales carecen de la capacidad de dar asentimiento a los impulsos emocionales. En boca de cualquier profesor de Psicoanálisis esto sería: los animales tienen instinto, los humanos razón.

Este marco histórico fue perpetuado en la ciencia moderna por el dualismo cartesiano. Descartes formalizó la separación al postular la mente como completamente distinta del cuerpo, extendida y no pensante. Al reducir los animales a máquinas, les negó “la mente”. Ya veremos que aún siendo máquinas (la mayor evidencia hasta el momento), no descarta la conducta de “pensar” y esto se extiende a los humanos, claro, recordemos que hablamos de un continuo natural y no una separación animal/humano. Por otro lado, la mente ontológicamente no existe, sino más bien, es una abstracción de las conductas cerebrales, que hoy se extiende a todo el bioma del hombre, otro paradigma caído, el de pensarnos como una unidad, cuando somos un ecosistema.

La investigación comparada ha desmantelado las dicotomías clásicas: el "instinto" no es una explicación preprogramada, sino el resultado de procesos de desarrollo guiados por la experiencia ecológica, y la conciencia (sentiencia y autoconciencia) ha demostrado ser un rasgo compartido por especies filogenéticamente distantes, desde grandes simios y delfines. Hoy sabemos que existen ambas, las conductas innatas como las adquiridas.

La "psicología", término que históricamente ha estado influenciado por el dualismo mente-cuerpo, visión dualista y folklorista que aún sigue en pié en los claustros universitarios, sobre todo en Argentina, pregona mayoritariamente este dualismo, y el Psicoanálisis -por nombrar al más agresivo-, el excepcionalismo. Es por ello que surgen aún libros como Antipsicología, de Miguel Ángel Castro Merino: una crítica a la psicología tradicional y el mentalismo, abogando por un estudio científico de la conducta enfocándose en lo social, político e institucional, y atacando conceptos como la "mente" o el "alma" desde una perspectiva conductista radical, presentándose como una guía para comprender y combatir el control social a través del condicionamiento.

Aquí podemos retomar el impacto que tuvo el concepto de alma (hoy devenido en mente), que viene de del latín ánima, que significa "aliento", "soplo vital" o "lo que anima", eso que escapaba de los cuerpos al morir, conjeturando que debía ser lo que poblaba dentro del envase, lo que le daba vida a ese mero cuerpo material. Es así como se cimentó en occidente la idea de algo inmaterial que nos trasciende.

La búsqueda de una ciencia más dura y objetiva se alinea con evitar las explicaciones mentalistas e inaccesibles, centrándose en el análisis funcional del comportamiento en relación con el ambiente. Esta aproximación es vital para combatir los sesgos metodológicos que aún imperan en la cognición comparada.

La psicología contemporánea, y especialmente la psicología comparada y la etología cognitiva, se enfrenta a un mundo con fuerte evidencia de determinismo por parte de la física (más allá de la ilusión que generó el Principio de incertidumbre** en su momento), la cognición (o conducta privada) siempre opera en el momento presente y está influenciada sólo por la causalidad pasada y el entorno. En este marco determinista, los conceptos como la previsión o la planificación a futuro se entienden como metáforas para operaciones que están arraigadas en el sistema semántico y episódico, permitiendo la construcción de escenarios posibles que afectan la acción en el presente.

La tensión entre el mecanicismo (el determinismo estricto de la causalidad) y la intencionalidad (el supuesto antónimo) se asemeja a la diferencia entre seguir un mapa detallado y tener el sentimiento de elegir la ruta. El mapa (la causalidad estricta) dicta las coordenadas pasadas que determinaron dónde estamos, pero la experiencia humana de planificar (el antónimo) nos hace sentir como si estuviéramos creando el camino en ese momento, aunque cada paso sea, en última instancia, el resultado determinista de una compleja computación biológica y ambiental.

A través de la ciencia transdisciplinaria —genética, medicina, neurología, neuropsicología, psicología, etología, ciencias de la conducta, antropología, filosofía, epistemología, lógica, semiología y hasta las ciencias computacionales—, en Homínido buscaremos una comprensión de la conducta que es fundamentalmente continua y evolutiva.

* Los homínidos son una familia de primates hominoideos, que incluye cuatro géneros y ocho especies vivientes, entre las cuales se hallan los humanos, orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos.

** Imposibilidad de que determinados pares de magnitudes físicas observables y complementarias sean conocidas con precisión arbitraria.