No hay que confundir conciencia con autoconciencia, algo que popularmente ocurre. La conciencia es el estado fundamental de la sintiencia: la capacidad subjetiva de tener cualquier experiencia (ser consciente de algo, como sentir dolor o ver el color rojo). Es el hecho de ser un sujeto perceptor.
La neurociencia moderna, al haber superado el antropocentrismo, dice que la sintiencia es un espectro biológico amplio, experiencia conciente en peces, reptiles, anfibios y en invertebrados complejos como los cefalópodos y los crustáceos decápodos. El pulpo desafía los modelos centralizados: la mayoría de sus neuronas están en sus brazos, cada uno mostrando una autonomía semi-consciente. Esto sugiere que la sintiencia puede ser altamente distribuida y descentralizada. También, estudios etológicos rigurosos de Chittka en 2023, documentan juego, aprendizaje social complejo y respuestas parecidas a la ansiedad en abejorros, conductas incompatibles con un mero comportamiento reflejo. También la violación y tortura por placer, como en ciertos delfines.
Un grupo de neurocientíficos (incluyendo a Stephen Hawking como testigo) firmó la Declaración de Cambridge de 2012 donde se lee:
"La evidencia convergente indica que los animales no humanos poseen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de los estados de conciencia, junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales".
Por otra parte, la autoconciencia es un nivel superior de conciencia que implica la capacidad de reflexionar sobre el propio estado conciente, reconociéndose a sí mismo como una entidad separada, con una historia y un futuro. Es la habilidad de pensar sobre el hecho de que se está conciente. Implica la capacidad del ser humano de separarse de manera cognitiva del mundo objetivo, logrando la concientización y valoración de su propia relación con el mundo. Esto incluye la apreciación de sí mismo como una personalidad, evaluando las propias acciones, pensamientos, sentimientos, deseos e intereses.
La Prueba de Reconocimiento del Espejo ha sido el criterio clásico para determinar el autorreconocimiento. Evalúa la capacidad de un organismo para reconocer su imagen reflejada como propia manipulando una marca discreta en el cuerpo. Tradicionalmente, sólo especies con alta encefalización y estructuras sociales complejas la superaban: chimpancés, delfines y elefantes.
Un avance significativo se ha producido en el estudio del pez limpiador (Labroides dimidiatus) que pasa la prueba de la marca, lo que implica que tiene conciencia de sí mismo. Este hallazgo es fundamental, ya que sugiere que la autoconciencia no está restringida a los linajes de mamíferos altamente evolucionados, sino que podría ser un fenómeno evolutivamente convergente, surgiendo en respuesta a presiones ecológicas específicas (como la necesidad de reconocimiento individual en contextos sociales complejos).
A pesar de su valor, la Prueba de Reconocimiento del Espejo presenta un sesgo visual. Los investigadores aceptan que no reconocerse frente a un espejo no implica la ausencia total de conciencia de sí mismo. La ciencia debe buscar activamente nuevas formas de explorar la autoconciencia animal adaptadas a los sentidos y particularidades de cada especie (p. ej., pruebas basadas en el olfato o el sonido).
Los hallazgos en etología complican las Teorías de la Conciencia de Orden Superior, que definen la conciencia como un estado cognitivo que requiere una meta-representación sobre el estado mental de primer orden. La aplicación estricta de esta teoría fue criticada por implicar que los animales no humanos y los infantes carecen de conciencia. Esto generó que algunos teóricos la modificaran para permitir formas subverbales o primitivas de meta-representación, mientras que otros, como Peter Carruthers, niegan que la no atribución de conciencia a los animales represente un problema filosófico, manteniendo la alta exigencia de la conciencia reflexiva.
La existencia de formas funcionales de autoconciencia en especies filogenéticamente distantes (peces, ratas) apoya un modelo ecológico y corporizado del self. En esta perspectiva, cercana al Enactivismo, la cognición y el self surgen de la interacción situada del organismo con su entorno, y la complejidad local del sistema (o la necesidad ecológica) determina la aparición de la propiedad, más que la masa encefálica total.
La autoconciencia, por lo tanto, debe entenderse a través de un espectro que incluye tanto las capacidades funcionalistas observables como las inferencias representacionales de orden superior.
LA RESISTENCIA DEL DUALISMO
El desafío fundamental de la autoconciencia se ancló en el problema mente-cuerpo, específicamente en el vacío explicativo que persiste al intentar conectar los mecanismos físicos (neuronas, bioquímica) con la experiencia subjetiva (los qualia).
El filósofo David Chalmers articuló este vacío como el "Problema Difícil de la Conciencia". Mientras que la mayoría de los "problemas fáciles", como el procesamiento de información, la discriminación sensorial y la recuperación de la memoria, son susceptibles de explicaciones puramente mecanicistas, el Problema Difícil pregunta por la explicación de la experiencia subjetiva: ¿Por qué el procesamiento de información va acompañado de una experiencia interior? ¿Qué se siente al ser un murciélago, o cualquier otro organismo? Este factor fenoménico, la perspectiva de primera persona, es lo que permanece sin explicación incluso si se conocen todos los hechos físicos subyacentes. Esto forzó diversas posturas metafísicas. El debate se extiende a sistemas no biológicos, como la IA. Chalmers mismo ha sugerido que, dado que el cerebro es una máquina que produce conciencia, la conciencia es posible en principio en otros sistemas con la organización funcional adecuada.
La física y la teoría de sistemas proporcionan los marcos conceptuales para entender cómo la autoconciencia emerge de la interacción de miles de millones de elementos neuronales, sin recurrir necesariamente a un dualismo de sustancias.
En el contexto de la biología, la Autopoiesis (Maturana) describe cómo los organismos vivos son sistemas que mantienen su identidad y organización interna a través de su propia actividad, una auto-creación constante. Este concepto es fundamental para entender el self como una estructura organizacional persistente dentro de un sistema físico dinámico.
Pero el Problema Difícil no es simplemente una abstracción conceptual, sino el motor de la investigación empírica. La aparente irreductibilidad fenoménica exige a la neurociencia intentar resolver dos rutas opuestas: reducir la conciencia a una función cognitiva accesible (el enfoque funcionalista) o postular la experiencia como fundamental y buscar su sustrato físico (el enfoque fenomenológico). Esta tensión conceptual es la causa directa de la "colaboración adversarial" que hoy enfrenta a las principales teorías neuronales de la conciencia.
Abordar la autoconciencia requiere establecer primero un marco conceptual riguroso que separe los aspectos funcionales de los puramente fenoménicos. Históricamente, fue relegado al dualismo cartesiano (sustancia no física), un enfoque que la neurociencia contemporánea ha descartado por falta de poder explicativo y predictivo.

Los Correlatos Neuronales del Self (NCC)
En 1990, Francis Crick y Christof Koch, identificaron los Correlatos Neuronales de la Conciencia, definidos como el conjunto mínimo de eventos neuronales necesarios y suficientes para generar un aspecto específico de la experiencia consciente. La investigación se centró en la percepción visual, utilizando fenómenos como la rivalidad binocular o el blindsight (visión sin conciencia) para contrastar el procesamiento conciente con el inconciente y aislar la actividad neuronal esencial. Personas con daño en la corteza visual pueden reaccionar a estímulos visuales sin ser conscientes, procesan la información evitando la zona dañada, sin "verlo" realmente, demostrando una disociación entre la percepción y la conciencia.
Existe una intensa disputa sobre dónde y cómo se produce la experiencia subjetiva en el cerebro. Las dos teorías dominantes, la del Espacio de Trabajo Neuronal Global y la de la Información Integrada, han generado una colaboración adversarial buscando resolver empíricamente sus predicciones divergentes.
La Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global, sostiene que la información, una vez procesada localmente, es seleccionada y luego se difunde a través de una red de alta conectividad, logrando una coherencia global que la hace accesible a múltiples subsistemas. Tradicionalmente puso énfasis en las estructuras asociadas con las funciones ejecutivas, particularmente la corteza prefrontal y las redes fronto-parietales. La corteza pre-frontal dorso-lateral se asocia con la cognición y las funciones ejecutivas, mientras que la medial está vinculada a la motivación y el drive, aspectos cruciales para la autoconciencia volitiva y la iniciativa.
Por su parte, la Información Integrada adopta un enfoque axiomático. Define la conciencia como la capacidad de un sistema físico para generar información integrada (Φ). Cuanto mayor es la irreductibilidad causal del sistema -su capacidad de no ser descompuesto en subsistemas independientes- mayor es el valor de Φ. Los Correlatos Neuronales de la Conciencia residen en los complejos con la máxima Φ, localizando la experiencia pura en el Córtex Posterior. De manera muy controvertida, los proponentes de la Información Integrada, incluidos Christof Koch y sus colegas, han afirmado que gran parte de la corteza pre-frontal y otras áreas subcorticales no albergan a los Correlatos Neuronales de la Conciencia para la mayoría de las experiencias.
A pesar de haber sido criticada por algunos como "pseudociencia", la Información Integrada se defiende por su rigurosa formalización matemática y su adhesión al método científico, publicando artículos revisados por pares y aceptando críticas. El proyecto de colaboración adversarial financiado por la Templeton World Charity Foundation busca resolver experimentalmente qué región (Corteza pre-frontal o córtex posterior) predice mejor los estados conscientes.
Más allá del debate, la autoconciencia de orden superior y la reflexión sobre el self se han asociado fuertemente con la activación de la Red Neuronal por Defecto, una de las más relevantes descubiertas por la neurociencia moderna, se entiende tradicionalmente como asociada al procesamiento de información auto-referencial. También está implicada en la cognición semántica y abstracta. La investigación actual busca dilucidar si el self es un constructo con identidad propia o si es simplemente otro concepto abstracto más manejado por la red.
Estudios de Electroencefalografía aportaron evidencia crucial sobre la localización de la autoconciencia interna. Se ha encontrado que los niveles elevados de autoconciencia global se asocian a una mayor activación de la Corteza Cingulada Posterior. Esta región, junto con el precúneo, es identificada como clave en la experiencia de conciencia. De hecho, los hallazgos sitúan a la cingulada dentro del córtex posterior, lo que proporciona una correlación empírica con la localización predicha por la Información Integrada.
Sin embargo, la Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global, con su enfoque en la corteza pre-frontal, apunta al mecanismo de difusión y función ejecutiva. Por lo tanto, la autoconciencia de orden superior -la capacidad de reflexionar sobre el self- no sería un fenómeno localizado, sino el resultado de la interacción recurrente entre los los Correlatos Neuronales de la Conciencia (donde se siente la experiencia) y las redes ejecutivas (donde se accede a la información). La autoconciencia es el contenido auto-referencial que emerge cuando los sistemas de experiencia (p. ej., Corteza Cingulada Posterior, alto Φ) son accesibles y objeto de procesamiento cognitivo de orden superior (p. ej., Corteza pre-frontal).
Otra fuerte teoría es la de la Regulación Subcortical. La emergencia y la preservación de la conciencia dependen de la función regulatoria de estructuras subcorticales, especialmente del tálamo. Los núcleos no específicos del tálamo, como el núcleo reticular talámico, los núcleos intralaminares y los núcleos de la línea media, que presentan extensas conexiones que regulan funciones cognitivas específicas cruciales para la conciencia, como los procesos atencionales.
Existe una tensión inherente entre las principales teorías de la conciencia que puede interpretarse como una distinción entre el correlato del contenido de la experiencia y el correlato del acceso a esa experiencia.
Conductismo: El Autoconocimiento como conducta
Por otro lado, existen modelos explicativos abstractos. El conductismo, particularmente en su vertiente radical, ofrece una aproximación al self desde la filosofía de la ciencia, que busca crear modelos funcionales causales en lugar de verdades ontológicas inmutables sobre “la mente”. La capacidad de referir a los estados internos (la autoobservación) no es una propiedad innata e intrínseca, sino una forma de conducta verbal que se aprende a través de la interacción social. Es el ambiente, a través de la mediación lingüística de otros, el que enseña al individuo a discriminar y etiquetar sus propios estados, transformando al individuo capaz de referir a eventos internos.
Para operacionalizar en el laboratorio, especialmente en organismos no verbales, el conductismo emplea la metodología de la Autodiscriminación Condicional. Se define como un tipo de control de estímulos en el que el discriminativo es algún aspecto del individuo mismo (p. ej., su estado interno o una acción propia), que posteriormente se asocia de forma condicionada a estímulos arbitrarios o respuestas específicas. Esta capacidad no es exclusiva de los humanos ni depende de la comunicación verbal.
Un ejemplo claro de su aplicación se encuentra en la investigación con ratas Wistar. Estas cepas fueron capaces de discriminar entre su estado interno natural de día y noche subjetiva, utilizando este estado como estímulo discriminativo para una tarea.
El éxito de la Autodiscriminación Condicional en especies con cerebros menos complejos que los primates, establece que la autoconciencia en su forma mínima -el monitoreo de estado funcional- es un rasgo conductual que se puede analizar plenamente dentro de un marco de contingencias ambientales. Esta evidencia funcional desafía las restricciones impuestas por las teorías filosóficas que exigen una sofisticación cognitiva extrema, como las Teorías de la Conciencia de Orden Superior, para la existencia de autoconciencia.
Inteligencia Artificial: ¿Puede una máquina ser consciente?
Este campo divide a los teóricos en dos bandos irreconciliables hoy:
Funcionalismo (Computacionalismo): si se simula el funcionamiento del cerebro perfectamente (como propone la Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global), la conciencia emergerá. No importa si es neurona o silicio; importa el patrón.
Naturalismo Biológico de John Searle: la conciencia es un fenómeno biológico causal, como la fotosíntesis o la digestión. Puedes simular la digestión en una computadora, pero la computadora no "digiere". Del mismo modo, una IA puede simular conciencia (decir "estoy triste"), pero no tiene la estructura causal física para tener los qualia.
Una IA avanzada podría comportarse exactamente como un humano, pero hasta ahora no existe una prueba física (un "concienciómetro") para distinguir entre una IA que siente y una que finge muy bien.
¿Cómo integramos lo que se sabe? ¿Es posible, es necesario?
Un análisis exhaustivo de la autoconciencia revela que no es una propiedad monolítica, sino un fenómeno de espectro que se manifiesta en distintos niveles de complejidad biológica y funcional. La integración de la filosofía, la neurociencia, el conductismo y la física permite construir un modelo multinivel.
El origen de la autoconciencia radica en los sistemas físicos complejos, donde la dinámica de Criticidad Auto-Organizada permite la máxima eficiencia y capacidad de integración de la red. Esta integración se formaliza en la Teoría de la Información Integrada, que postula que la experiencia subjetiva reside en la máxima Φ del Córtex Posterior (ej., la Corteza Cingulada Posterior de la Red Neuronal por Defecto).
En el nivel más básico, esta integración interna se manifiesta como la capacidad de Autodiscriminación Condicional del Conductismo, un monitoreo de estados internos que no requiere lenguaje ni reflexión de orden superior, observado en especies como las ratas. Esta autoconciencia funcional y primitiva es esencial para la supervivencia.
El desarrollo completo de la autoconciencia reflexiva y humana ocurre cuando esta información auto-referencial (el contenido, localizado en la Corteza Cingulada Posterior) se somete al procesamiento de orden superior, propagándose a través de las redes fronto-parietales y la corteza prefrontal, tal como lo describe la Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global. La autoconciencia reflexiva, por lo tanto, es el resultado de que el contenido (Problema Difícil, Teoría de la Información Integrada) se vuelve accesible para la función ejecutiva (Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global).
Si bien es un modelo aceptado en neurociencia para explicar cómo el cerebro se mantiene en un estado óptimo entre el orden y el caos, no existe evidencia empírica que la sitúe como el "origen" específico de la autoconciencia, más bien explica la eficiencia del procesamiento de datos, pero no resuelve el "Problema Difícil" de por qué esa eficiencia produce subjetividad. Por otro lado, la hipótesis integrativa aquí ensayada, se cae a pedazos: las teorías IIT (Información Integrada) y GWT (Espacio de Trabajo Global) son mutuamente excluyentes en sus fundamentos axiomáticos.
Pero el problema persiste
A pesar de los avances empíricos impulsados por la necesidad de validar las predicciones divergentes de la Teoría de la Información Integrada y la Teoría del Espacio de Trabajo Neuronal Global, dos desafíos filosóficos y científicos de alto calibre persisten. Si bien la Criticidad Auto-Organizada y la funcionalidad son necesarias, ninguna de estas aproximaciones explica satisfactoriamente por qué el aumento de la complejidad o la integración de información produce intrínsecamente la sensación subjetiva de ser el organismo. Esto impulsa la continua relevancia del dualismo de propiedades.
El futuro de la investigación se orientará hacia la identificación de marcadores causales, en lugar de meros correlatos, utilizando técnicas de perturbación y estimulación. Además, es esencial la expansión de las metodologías de autodiscriminación condicional a otras modalidades sensoriales y a otros grupos filogenéticos, yendo más allá del sesgo visual inherente a la prueba del espejo. Esto permitirá cartografiar con precisión el espectro filogenético de la autoconciencia y obtener una imagen más completa de los mecanismos neuronales y conductuales que sustentan el sentido del self en el reino organísmico.
Aquí una clase sobre qué es la conciencia desde el conductismo radical:
Por último, aquí se pude ver una excelente discusión sobre el tema:
Fuentes
Andrews, K., Birch, J., et al. (2024). The New York Declaration on Animal Consciousness. NYU Center for Mind, Ethics, and Policy.
Chittka, L. (2023). The Mind of a Bee. Princeton University Press.
Crick, F., & Koch, C. (1990). Towards a neurobiological theory of consciousness. Seminars in the Neurosciences.
Godfrey-Smith, P. (2016). Other Minds: The Octopus, the Sea, and the Deep Origins of Consciousness. Farrar, Straus and Giroux.
Hofmann, S. G., et al. (2012). The Efficacy of Cognitive Behavioral Therapy: A Review of Meta-analyses. Cognitive Therapy and Research.
Lilienfeld, S. O. (2007). Psychological Treatments that Cause Harm. Perspectives on Psychological Science.
Low, P., et al. (2012). The Cambridge Declaration on Consciousness. Churchill College, University of Cambridge.
Shedler, J. (2010). The Efficacy of Psychodynamic Psychotherapy. American Psychologist.
Wampold, B. E., & Imel, Z. E. (2015). The Great Psychotherapy Debate: The Evidence for What Makes Psychotherapy Work. Routledge.

