Más allá del recurso estilístico cuasi poético del título de este artículo, la indagación sobre la naturaleza de la comunicación, el lenguaje, la lengua y el idioma es uno de los desafíos intelectuales más profundos de las ciencias cognitivas, la lingüística teórica y la biología evolutiva. El análisis sistemático de estos conceptos requiere no sólo de un deslinde terminológico preciso, sino una inmersión en la historia de la filosofía, la neuroanatomía comparada y la etología cognitiva para comprenderlo.
Para partir de la distinción entre comunicación, lenguaje, lengua e idioma es necesario consensuar algunas definiciones; así, llamamos comunicación al proceso de transmisión de información entre un emisor y un receptor a través de un código compartido y un canal específico (para reducirlo al máximo). Existe desde las señales químicas de las bacterias hasta las complejas interacciones sociales de los cetáceos. La lengua, en cambio, es el sistema específico de signos lingüísticos adoptado por una comunidad de hablantes. Según el modelo estructuralista de Saussure, es un acervo de imágenes verbales almacenadas en la memoria colectiva que requiere del habla para manifestarse, pero va un poco más allá. El término idioma añade una dimensión política y administrativa a una lengua que alcanzó un estatus de oficialidad en un territorio y cuenta con una estandarización gramatical y ortográfica y suele estar vinculada a la identidad nacional de un Estado.
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